
Ya que últimamente he estado hablando de sueños y demás, aquí os dejo una historia que escribí hace mucho tiempo en un momento de esos que se me dió por escribir y e aquí el resultado...
Una marabunta de imágenes invadieron el vacío de mi soledad más sonora. Era de noche, las tinieblas acariciaban mi rostro como hojas punzantes que cortaban la respiración. Hacía frío, tanto, que la manta que me tapaba servía sólo para aguantar las tiriteras de mi cuerpo.
Me sentía solo en aquel lugar, pero no me importaba, quería morir sabiendo que el frío que me congelaba lentamente era mi mejor aliado, algo que no me iba a fallar, algo que siempre te espera sin prisas, algo que te da ventaja porque sabe que te va a vencer. Pero yo no me puedo quedar así, no puedo permitir ser vencido por algo en lo que no creo, la muerte.
Pero,.. . shhh, se escuchaba un aullido, era un lobo que se veía a lo lejos en lo alto de la cima con la mirada dedicada a la luna. Y allí estaba ella, tan majestuosa y silenciosa como siempre. Por primera vez en mi vida sentí el ansia de querer llegar a ella, de sentirla, mirarla, tenerla entre mis brazos, estar allá donde ella esté y sentirme mirado y admirado por todo el mundo, vivir.
Salí de aquel oscuro y frío lugar para encontrarme con ella, y por más que corría no lograba alcanzarla, parecía como si ella no quisiera estar conmigo, no quisiera que yo fuera su esclavo.
De tanto correr me caí por culpa de unas ramas largas y gruesas que, a causa del frío perecían inertes en el suelo. Parecían muertos que querían que me quedara con ellas.
Desperté de aquel extraño y maravilloso sueño, miré al suelo y un rayo de luz sinuoso atravesaba tenuemente la abertura de la ventana que dejé abierta minutos antes de acostarme. Al abrir la ventana, respiré un olor de madera vieja y barniz carcomido por el paso del tiempo; y cual fue mi sorpresa, que la luna seguía allí, con su mismo brillo, color y forma.
Entonces me di cuenta y comprendí que aunque no pudiera tocarla, la tendría para siempre.
Me sentía solo en aquel lugar, pero no me importaba, quería morir sabiendo que el frío que me congelaba lentamente era mi mejor aliado, algo que no me iba a fallar, algo que siempre te espera sin prisas, algo que te da ventaja porque sabe que te va a vencer. Pero yo no me puedo quedar así, no puedo permitir ser vencido por algo en lo que no creo, la muerte.
Pero,.. . shhh, se escuchaba un aullido, era un lobo que se veía a lo lejos en lo alto de la cima con la mirada dedicada a la luna. Y allí estaba ella, tan majestuosa y silenciosa como siempre. Por primera vez en mi vida sentí el ansia de querer llegar a ella, de sentirla, mirarla, tenerla entre mis brazos, estar allá donde ella esté y sentirme mirado y admirado por todo el mundo, vivir.
Salí de aquel oscuro y frío lugar para encontrarme con ella, y por más que corría no lograba alcanzarla, parecía como si ella no quisiera estar conmigo, no quisiera que yo fuera su esclavo.
De tanto correr me caí por culpa de unas ramas largas y gruesas que, a causa del frío perecían inertes en el suelo. Parecían muertos que querían que me quedara con ellas.
Desperté de aquel extraño y maravilloso sueño, miré al suelo y un rayo de luz sinuoso atravesaba tenuemente la abertura de la ventana que dejé abierta minutos antes de acostarme. Al abrir la ventana, respiré un olor de madera vieja y barniz carcomido por el paso del tiempo; y cual fue mi sorpresa, que la luna seguía allí, con su mismo brillo, color y forma.
Entonces me di cuenta y comprendí que aunque no pudiera tocarla, la tendría para siempre.