“Nacer del vientre de una persona, y reconocer su calor en la primera respiración de la vida fue una de las primeras cosas que me enseñaste”
¿Qué decir de alguien que te ha dado la vida, de alguien que te ha ido formando día a día, alguien que te ha visto crecer a lo largo de tantos años?
Siempre hubo momentos que no estaba de acuerdo contigo, siempre hubo momentos que me hiciste tan feliz, siempre hubo momentos que de ti aprendí hasta la mirada.
Te quedabas mirándome en silencio cuando no me daba cuenta, eso creías tú, pero sí que me daba cuenta de que me mirabas, y nunca supe qué pensabas al hacerlo, quizás siempre fuiste mi mejor psicóloga, pues cuando estaba bien o mal tu lo notabas, y siempre lo hiciste en silencio.
Siempre estabas cogida de mi mano o siempre te agarraba yo del brazo. Poco a poco tu hombro fue empequeñeciéndose, haciéndose más bajo, o era yo el que se sumaba en centímetros de altura.
Nunca dejaste de luchar por todo aquello que quisiste, y sobre todo por tu marido e hijos, pocas veces pensaste en ti, lo cual te llena aún más de grandiosidad.
De ahí que sea verdad eso que dicen: “Madre no hay más que una”. Estoy totalmente de acuerdo.
Y si, puede ser que la vida con sal o con azúcar sea maravillosa, pero sin esos ingredientes también lo puede ser, eso me lo enseñaste tú.
Hay una canción que dice, Mamá, gracias por ser quien soy, gracias por hacerme ver la vida o parte de ella a través del color verde de tus ojos tan preciosos.
TE QUIERO