FELICIDAD
De repente levanté la vista, estaba sentado en un parque infantil, intentando
encontrar a mi hijo pequeño entre tanto tumulto. Esa conexión que existe entre los
dos le hizo mirarme desde lo lejos y me sonrió.
En ese justo momento mi mirada se fue hacia abajo, en la parte de la bolera, estaba
esperando su turno un grupo de 10 personas con síndrome de down de unos 30 años. Y
todos sonreían. Ese tipo de sonrisa despreocupada, limpia.
Llegó el turno de jugar, todos se sentaron en los sofás menos a quien le tocaba su
turno. Mi pensamiento se mantuvo en silencio, observando a esas personas que no se
preocupaban de la música, no tenían en cuenta si la bola no tumbaba a ninguno de los
bolos, simplemente sonreían, lanzaban y volvían a su sitio para sentarse, sin
importarles nada más que las personas que había en su grupo, saludándose, sonriendo,
diciéndose que lo habían hecho genial.
Ese es el tipo de felicidad que llena una tarde en un lugar tan concurrido, unos minutos
que sirvieron para dedicarles una sonrisa, para dedicarles un respeto, para mirar a mi
hijo y sonreírle tal y como me enseñaron aquella tarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario